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no podras evitar llorar con esta historia...


Triste-Historia-de-Amor

Esta historia, es una vida que le ocurre a muchas personas, se podría afirmar que está basado en sucesos altamente reales. Es un infeliz historia de cariño de dos personas que se amaban con locura, inclusive el aspecto de adorarse. Su amor era tan grande que se habían prometido que nada, ni nadie los podría separar, y que estarían juntos aun el término de los días. Que se amarían, costase lo que costase; inclusive que la defunción los separará. Ella el decía a él: “eres lo único que me importa en esta vida, lo eres todo para mí, eres mi claridad, y mi causa de vivir; siempre estaré a tu lado; te lo juro” Él simplemente le decía que la amaba. Ella siempre se quedaba con los anhelos de advertir lo mismo de él, el momento fue pasando y cada sucesión más; las cosas fueron cambiando, se fueron enfriando. Que las cosas ahora no eran las mismas, que el amor que él le juraba tenerle a ella, se estaba muriendo.

te presento esta historia en version video relata por marco antonio llamado una triste historia de amor


  El alma de ella, poco a poco se fue apagando; ella ya no era la misma. Ella siempre quería estar con él, pero él para todo tenía una razón para no estar, tenía excusas. Su respuesta era: “hoy no puedo, tengo trabajo” Ella sólo se consolaba viendo las fotos y videos de cuando él solía amarla, con devoción. Eso le ayudaba a calmar el dolor de la ausencia. Ella tenía tantas ganas de compartir con él, pero él siempre tenía algo más importante que hacer. Él jamás se dio cuenta que ella lo amaba a él con todo el corazón. Pues él, era su razón de vivir, todo lo que importaba, era su todo. Un día de tantos, la tristeza invadió el corazón de ella, y le llamó, y le dijo: “Roberto, necesito hablarte, te lo pido por favor” Pero la respuesta de él, era siempre la misma: “hablamos después, ahora no puedo”. Ella sin embargo, insistía: “Sólo serán 10 minutos”. Pero él nunca llegaba, o si llegaba lo hacia tan cansado, que ya no tenía interés en hablar. Entre más ella quería hablar con él… …él más se alejaba de ella, le ponía excusas. Cada vez que él se portaba así, Fabiola, lloraba en la soledad de su habitación, ríos de lágrimas caían y mojaban un papel que siempre sostenía entre sus manos. Lo que él nunca supo, es que ella estaba muriendo, el cuerpo de Fabiola se estaba llenando de moretones. Le resultaba difícil respirar, a veces ella se sentía débil, con nauseas. La sensación de cansancio le pesaba mucho, y la pérdida de apetito, era común. Cosa que él nunca notó, porque estaba muy ocupado. Pero a pesar de eso, él siempre la ignoró, aún en su peor momento, él decidió viajar por unos meses; ella se quedó sola, sin la persona que decía amarle. Las llamadas de Fabiola, llegaban, pero él raras veces las contestaba. Cuando Roberto regresó de su viaje, como de costumbre, fue a ver a su novia, cuando llegó la madre de Fabiola, le contó que ella estaba en una cama de Hospital, pues se le había diagnosticado una enfermedad terminal, que Fabiola, trató de advertir a Roberto por mucho tiempo. Su situación, hay había empeorado, para cuando Roberto llegó, Fabiola, estaba a borde de la muerte. Lo único que pudo hacer Roberto, fue verla marchitarse en aquella cama de hospital. Los días pasaron, y Roberto se acongojó, por la pérdida y darse cuenta que nunca estimó a Fabiola. En un instante, Roberto entró en la habitación de Fabiola, y en su mesita de noche, encontró una nota, con el nombre de él; escrito. En esta nota decía: “Lamento haberte molestado tantas veces con mis llamadas, lamento las muchas veces que te pedí que estuvieras a mi lado, perdona si te quité tu tiempo” “Discúlpame, por todas las veces que te llame queriéndote ver, discúlpame por hacer de ti; mi necesidad, pero quería pasar mis últimos meses a tu lado, te quise hasta el día de hoy, siempre te quise decir que mis días estaban contados, y quería vivirlos sólo a tu lado, te amé, te amo y nunca dejaré de hacerlo”. Cuando Roberto vio la nota, y leyó lo que ahí decía, estalló en llanto, golpeó las paredes, y gritó el nombre de Fabiola, pero ya era demasiado tarde; ella ya se había marchado.

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